Tinta azul


15 de marzo de 2015

Han rascado el suelo para pulimentar mi superficie y un goteo azul ha desvelado mi secreto. Un goteo azul como el mar a determinada hora de la tarde.     Aunque sus lamas se resistían a deshacerse de la suciedad incrustada durante décadas en la madera (creo  que se sentían así bien protegidas) las manos perseverantes de los hombres han ido alisando, concienzudamente, su bastedad y sus imperfecciones. Una densa nube de polvo incandescente ha ocupado el espacio del aula extendiéndose por todos sus rincones. Los impolutos cristales de mis ventanas han estrenado una momentánea ceguera  grisácea que me ha impedido disfrutar por unos instantes del sauce llorón de la calle, como hago cada vez que alguien abre las contraventanas.   Han continuado pulimentando las maderas irregulares. Más polvo recogiéndose en cada esquina. Mi secreto se ha ido desvelando. Aunque reticente, he ido cediendo a la labor de estos hombres que un día tras otro insisten en ocuparse de las lesiones que he ido adquiriendo con la edad y el desuso. La evidencia escondida durante tantos años ha tomado forma. Gotas azules como ágatas de cinta azul han ido apareciendo bajo la capa de la mugre del suelo. Un goteo de manchas de tinta que unos cuantos ojos perplejos han contemplado por primera vez tras aquel cierre definitivo de mi puerta. Tinta azul. Azul como el mar a determinada hora de la tarde. El vestigio de las labores escolares que tuvieron lugar entre estas cuatro paredes en otro tiempo…, en un tiempo que existió pero no es este.

 

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